◦ Sientes que has perdido claridad sobre quién eres y hacia dónde va tu vida.
◦ Vives en modo supervivencia: cumples responsabilidades y resuelves problemas, pero sin disfrutar realmente tu vida.
◦ Experimentas ansiedad, agotamiento emocional o una sensación de vacío, aunque «todo parece estar bien».
◦ Te cuesta conectarse contigo mismo(a) y sentir paz interna.
◦ Repites patrones emocionales, relaciones dolorosas o conductas compulsivas que afectan tu bienestar.
◦ Sientes miedo a la soledad o al abandono, o se te dificulta construir relaciones sanas.
◦ Te has vuelto muy independiente y autoexigente, pero emocionalmente agotado(a).